viernes, 28 de mayo de 2010

El mismo que otros días hacía sonrojar mis mejillas,
y cantaba de manera eufórica bajo las sombras de los árboles;
el que sembró la dicha y el goce
y con angelical sonrisa, lograba penetrar en los corazones,
se fue lejos, dejó de crear
dejó de imaginar el universo y acabó hundido en la tierra;
y, como si su voz se apagara, dejó de alegrar almas con sonrisas,
dejó de emitir sentimiento u opinión alguna,
quedándose en un completo vacío perpetuo.
Él dejó de existir, dejó de iluminar(nos).

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