Despiértame. Despiértame cuando notes que la tormenta se ha ido y no quedan niños llorando. Despiértame cuando necesites a tu lado alguien vivo con quien hablar y reír. Despiértame antes de que mi alma decida no acompañarme más; antes de ya no ver ni tampoco sentirte. Despiértame alegre y sin tu mente corrompida, para saber que fue de ti mientras yo no estaba. Despiértame cuando tus cuentos se hayan acabado, y necesites escuchar nuevas historias para transformarlas en las tuyas. Despiértame justo antes de dar el último respiro de vida, el último soplo de aventura y rendirte. Despiértame, para poder detenerte, para poder mirarte por última vez [mis esfuerzos no serán en vano]. Despiértame para invitarte un café y charlar sobre temas triviales, sin saber que tu corazón ha comenzado a sufrir desesperanzas momentáneas, y el mío ya no pueda aliviarlo. Despiértame cuando aún pueda sembrar flores de todos los colores fuera tu puerta y bajo tu ventana. Despiértame cuando no pueda borrar tu nombre de mi pecho, cuando no pueda quitar el sabor de tus labios, cuando no necesite caricias ni pueda entregar más abrazos. Despiértame cuando todo se vuelva tan real, para darme cuenta que no estaba durmiendo, sino soñando.
viernes, 27 de noviembre de 2009
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Respondamos todos.
¿Se han dado cuenta de lo maravilloso que es recostarse de espalda en el pasto, mirando el hermoso cielo azul lleno de las más grandes nubes que, si observas bien, parecen deliciosos algodones de azúcar? ¿Han notado toda la magia que hay al caminar bajo la lluvia? ¿Se han fijado en lo rápido que corre el tiempo, y todos los días traen, aunque sea un poquito de felicidad? ¿Han quedado totalmente estupefactos al notar la inmensa belleza de las estrellas? ¿Han notado lo relajante que es escuchar música mirando por la ventana de la micro, mientras el señor que duerme a su lado los usa como almohada? ¿Se han desvelado toda una noche y sentir la más increíble sensación de como sale el sol por la mañana, llenándote todos y hasta el último poro de tu cuerpo, de las más mejores energías que puedes recibir en el día? ¿Se han subido a la bicicleta a andar, sólo por andar? ¿Han hecho de algún lugar suyo, y sólo suyo? ¿Se han dado cuenta que en verdad la vida no es tan complicada?
¿No?, ¿y por qué no comienzan a vivirla?
domingo, 18 de octubre de 2009
XXIII
- Buenos días - saludó el principito.
- Buenos días - contestó el comerciante.
Se trataba de un mercader que vendía píldoras para apagar la sed. Tomando una por semana, no se sentía necesidad de beber.
- ¿Por qué vendes esto? - preguntó el principito.
- Significa un gran ahorro de tiempo - contestó el comerciante-. Los expertos calcularon que se puede economizar cincuenta y tres minutos por semana.
- ¿Y qué se puede hacer con esos cincuenta y tres minutos?
- Lo que uno quiera.
"Si yo tuviera cincuenta y tres minutos de sobra, los gastaría caminando lentamente hacia una fuente...", pensó el principito.
cosas que tienen que ver con esto:
cuentos,
El Principito,
mundo,
personas,
sueños
XX
Después de mucho andar a través de arenas, rocas y nieves, el principito encontró finalmente un camino. Y todos los caminos conducen hacia donde viven los hombres.
- Buenos días - saludó.
Era un jardín lleno de rosales en flor.
- Buenos días - contestaron las rosas.
El principito se quedó mirándolas: todas se parecían a su flor.
- ¿Cómo se llaman ustedes? - les preguntó desconcertado.
- Somos rosas - dijeron ellas.
- Ah... - murmuró el principito.
Y se sintió muy triste. Su flor le había dicho que ella era la única de su especie en todo el universo, ¡Y aquí había cinco mil, todas iguales, en un solo jardín!
"Ella se sentiría muy avergonzada si viera esto - se dijo -. Se pondría a toser con insistencia y fingiría morir para no hacer el ridículo. Y yo tendría que aparentar cuidarla, porque si no, se dejaría morir realmente para humillarme de algún modo."
Y continuó pensando: "Yo me sentía feliz al tener una flor única y resulta que es sólo una rosa vulgar. Con ella y mis tres volcanes que me llegan a las rodillas, y de los cuales uno tal vez está extinguido para siempre, no soy en verdad un gran príncipe."
Y echado en el pasto, lloró y lloró mucho rato.
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XII
En el planeta siguiente vivía un bebedor. Aunque esta visita fue muy corta, sumió al principito en una gran tristeza.
- ¿Qué haces? - le preguntó al borracho, que se hallaba instalado delante de una colección de botellas vacías y llenas, en gran silencio.
- Bebo - le contestó el borracho con aire lúgubre.
- ¿Por qué bebes?
- Para olvidar - contestó el bebedor.
- ¿Olvidar qué? - inquirió el principito, compadeciéndolo ya.
- Para olvidar que tengo vergüenza - confesó el borracho, bajando la cabeza.
- ¿Vergüenza de qué? - quiso saber el principito, deseando ayudarlo.
- ¡Vergüenza de beber! - concluyó el borracho encerrándose en un silencio definitivo.
El principito se alejó, perplejo.
"las personas adultas son, realmente, muy extrañas", se dijo durante su viaje.
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sábado, 10 de octubre de 2009
El loco que dice buen día
Íbamos de la mano, por la calle asoleada, y en el mismo vientito en que venía el olor de las flores del florista de la esquina, vino la voz del hombre: "Buenos días... buenos días... ¡pero qué linda mañana!... señora, ¿por qué tiene esa cara tan triste? ¿No ve que hoy es primavera?... No me diga atrevido, señora... me gusta la gente..., yo quiero a la gente..., y si no hablo con la gente... me siento muy solo... ¿o usted no se siente sola, señorita apurada?... Buen día, señor; tome una margarita para la solapa del saco... ¡Vaya una manera de decir que no! Es primavera y hay que llevar una flor en la solapa. Si no ¿para qué sirve que sea primavera?"
Y así, con su voz alegre, lo fue acercando hasta nosotras dos, mamá y nena con una media caída y la otra no.
Yo ya lo conocía. Lo había visto muchas veces hablando solo, con los ojos azules y límpidos fijos en una distancia color amanecer. Lo había visto derramando su "buen día, señora; buen día, señor; buen día, señorita", como si fuera con una regadera de palabras humedeciendo el tiempo.
Y había visto también el enojo, la sonrisa burlona o la simple indiferencia de la gente que pasaba a su lado. Algunos insultándolo, otros haciéndole burla, los más sin mirarlo siquiera, como si no existiera.
Verónica se detuvo frente al hombre.
- Buenos días, señora...
- ¿Es tu amigo, mamá?
No supe qué contestar. Me tomó de sorpresa la pregunta. ¿Era mi amigo? ¿No era mi amigo? No sabía...
- Sí, nena linda - balbuceó él mientras quitaba una flor de los ramos del florista y se la alcanzaba con una mano huesuda y pálida -. Tu mamá es mi amiga... Toda la gente es amiga mía... Los viejos, los jóvenes, los chicos... los perros, los gatos, los canarios... Porque yo fui el que entró a la pajarería y le abrió las puertas a las jaulas de los pajaritos... ¡Hubieras visto cómo se puso el cielo se puse el cielo ese día, de todos colores, igual a un jardín! ¿Cómo te llamas?
- Verónica... y quiero ser tu amiga. En la plaza yo me hago amiga de todos los chicos... En cambio, las personas grandes son diferentes. ¿No mamá?
- A veces...
A veces... o casi siempre, por desgracia. La gente lo llama "el loco que dice buen día". Pero es el único ser que vi con una flor en el ojal en primavera. Y que en vez de llevar un pañuelo en el bolsillo del saco, lleva una paloma blanca que picotea al aire leve. Y en vez de tener los ojos empañados de envidia, de tristeza, de rencor..., los tiene abiertos y hondos, se puede ver en ellos lo que siente, como se ven los peces a través del agua de los riachos del sur.
Las personas grandes para ser amigas tienen que responder un complicado cuestionario, lleno de signos y de números. No pueden decirle "buen día" a la gente que se cruza con ellas por la calle porque la gente se sorprendería... y las llamaría locas, como al hombre de los ojos de niño que te dio esa caléndula y le va cantando al sol y a la ternura, estremecido por la alegría del trompo y calesita que da vueltas en el mundo de los niños.
Cuando el hombre se alejó, tú me preguntaste:
- ¿Por qué le dicen loco, mamá?
- Porque... porque no lo comprenden.
- A mí me parece más loco aquel señor que va con sombrero y traje negro en un día tan lindo.
- A mí también Verónica.
Tienes razón. Claro que tienes razón. ¿Cómo va a ser un loco un hombre que regala flores y saluda por las calles, cómo va a ser loco un hombre que ama a los viejos, a los jóvenes, a los niños, a los perros, a los gatos, suelta los pájaros de las jaulas y sonríe porque el sol es redondo y amarillo?
Locos... somos los otros: los que miramos con angustia los relojes, los que no estrechamos las manos de quienes no nos muestran su documento de identidad y no tienen bien lustrados los zapatos, los que ponemos un vidrio de distancia entre nosotros y los demás... con la excusa de protegernos. Bah, por temor a darnos, a amar, a que nos llamen locos.
martes, 22 de septiembre de 2009
I've never
I've never seen your face and I've never heard your voice,
I've only seen your words in pictures book at home.
I've never sailed across your eyes or been inside your lies,
I've always spent my time in Brighton in the wind.
I've never eaten hearts or drunk in a empty space;
I've never kissed your hands or drunk in a house of glass.
I've never had to find thoughs in the middle of your mind,
I've always known just where I am and where I'll never stay.
I've read your movements by writers who have been to my smile;
I've heard people telling their dreams of adventures in their minds.
I've watched TV news about your lies and kisses
but I've never been abroad myself; it's making me feel sick.
I've studied several behaviours like anger and madness,
I've learned lots of useful mistakes I've never been able to forget.
The furthest place I've ever been was that your coldest body,
and that was a full of sadness from my lips and your worries.
viernes, 18 de septiembre de 2009
jueves, 17 de septiembre de 2009
Ya no tengo palabras atrapadas.
Me encuentro con ganas realmente locas de salir y de disfrutar lo que me queda de estas vacaciones dieciocheras. Quiero descubrir ese Santiago que muchas veces no me atrevía a ver.
He conocido lugares muy lindos y agradables que espero prontamente volver a visitar.
He aprendido a verle la cara bonita a las cosas, o por lo menos los últimos días. Trato de sonreírle al mundo (para que así él me pueda sonreír).
Tengo ganas de juntarme con gente que hecho harto de menos; quiero pasar más tiempo con mis amigas y menos encerrada, y es bacán que ellas también lo sientan así.
Ayer la pasé realmente bien (creo que quedará en la memoria, porque fue un día totalmente bonito), y espero que vengan muchos más días como ese, muchos más días sin un sol de invierno, muchos días con la gente que realmente sé que estuvo, está y estará para mí (porque realmente lo aprecio... mucho mucho mucho).
Porque creo que esto era para desahogarme un poco, para dedicarle un momentito a todo el mundo, porque quiero en verdad ver las cosas de colores vivos y no grises, ya que al final... ¿la vida no es un carnaval?
En este momento, quiero verlo así. Y cuando uno quiere, puede. Mi mente puede más de todo lo que puedo imaginar, y espero que me ayude en todo; y le agradezco por lo que hasta ahora he podido hacer con ella, o más bien, ella conmigo.
Espero que todos seamos felices, pequeños y pequeñas... y nunca verle el lado negativo y oscuro a las cosas. Porque todo lo que quiero llegará en un momento, y me refugiaré en esa idea.
Y es que sentía como que tenía las palabras atrapadas entre punto y coma, pero ya no. He leído suficientes preguntas como para no responderlas (y no me refiero al Libro de las Preguntas).
Los quiero :*
Gracias Marifer por el lindo día en la Biblioteca, lo disfruté mucho c:
lunes, 27 de abril de 2009
Las Estrellas.

Cada estrella que ilumina mi vida es cada cosa que realmente deseo. Tantas cosas y todas tan lejos, parece imposible poder alcanzarlas. – Pensaste.
De pronto viste todo de una manera distinta. Te diste cuenta que no tenías nada que perder, porque todas las cosas que realmente deseabas estaban en lo alto esperando poder, algún día, hacerse realidad.
Mientras pensabas una manera de poder conseguir lo que anhelabas, pero aún no sabías, formaste planos y diseñas tus sueños; así recordaste el anhelo de lo cuan gran arquitecto querías ser.
Demoraste horas, días, semanas, y algunos meses; pero al fin lo lograste: construiste una escalera gigante que podía llegar a las estrellas (hablando de “Escalera al Cielo”…) y la instalaste en el patio de tu casa para comenzar tu aventura. Llevaste una mochila con provisiones que te podrían ayudar a eliminar algunos obstáculos, como el que se rompiera un escalón.
Te despediste de esas personas que siempre estuvieron ahí para ti, apoyándote en cada momento; familia y amigos…
Comenzaste subiendo tus primeros escalones con mucho miedo; no querías que este desafío fuera en vano… Paraste un momento, en el tercer escalón, y dudaste si seguir tu camino; porque sabías que te esperaban duras decisiones y difíciles obstáculos.
Miraste a tu madre con esa cara que ponías cuando tu padre te regañaba de pequeño. Ella te dio un fuerte abrazo y de sus ojos brotó una lágrima. Le diste un beso en la mejilla y decidiste continuar.
Comenzaste a subir sin mirar atrás; estabas decidido de emprender este viaje, y ansiabas por llegar hasta tu meta; por conocer tu meta.
Los primeros escalones fueron muy fáciles de subir, pero a medida que subías más vértigo tenías. No mirabas abajo y te asegurabas de pisar bien para no tropezar.
Los escalones parecían nunca acabar, y cuando llegaste al último (que con él no alcanzabas ni a tocar un meteorito), sacaste tu martillo, clavos y un poco de madera de tu mochila y comenzaste a crear nuevos escalones, lo cual era un tanto difícil, ya que no tenías mucho equilibrio sobre la escalera.
Los meses pasaron y tú seguías en el viaje; la comida se acababa y el agua escaseaba, pero no te diste por vencido y subiste todo lo que tus pies te permitieron; hasta que se presentó el primer obstáculo: Una lluvia de meteoritos amenazaba tu acercamiento a las estrellas y, por desgracia, uno le pegó a la escalera unos quince escalones abajo; lo que hizo que la escalera comenzara a tambalear.
Lo primero que pasó por tu cabeza fue tirarte, porque no tenías otra opción. Permaneciste quieto unos minutos pensando en qué hacer y llegaste a dos opciones: tirarme y caer a tierra, a salvo; pero, no podrías subir otra vez por no haber podido reparar la escalera; o bajar esos quince escalones, tratando de superar tu miedo a las alturas.
La inseguridad te tenía agobiado, pero luego de mucho pensar decidiste repararla.
Bajaste con mucho cuidado y sacaste tu martillo, pusiste una nueva tabla y arreglaste el desperfecto. Te sentiste orgulloso de ti mismo.
Volviste a poner manos a la obra y comenzaste a subir con rapidez, ya que una sensación de ansias y desesperación por llegar te invadieron.
De pronto, comenzaste a recordar las cosas que habías dejado en la Tierra y cuanto extrañabas; como tu familia y tus amigos. Por una parte querías seguir tu viaje, pues ya sólo quedaba la mitad del camino, pero también extrañabas a tus seres queridos y deseabas estar con ellos…
Sentiste la necesidad de llorar, pero al estar en el espacio no pudiste. Tus lágrimas no pudieron salir.
Tu cabeza daba vueltas, pero tragaste saliva y subiste; no muy convencido.
Así pasaron las semanas, hasta que comenzaste a aburrirte de hablar contigo mismo y tener que dormir sentado; pero de la nada levantaste tu cabeza para ver que es lo que se aproximaba. Viste un resplandor muy cerca de ti, y te diste cuenta de que era una estrella.
Tanta fue tu emoción, que comienzas a saltar de felicidad, pero no te das cuenta de que habías soltado la escalera. Comenzaste a flotar, alejándote de la escalera.
Al darte cuenta de esto, trataste de patalear de manera que pareciera que nadaras en el aire, pero te diste cuenta de que tus intentos eran inútiles, ya que nunca aprendiste a nadar; y te lamentaste el no haber entrado a ese curso de verano.
Así seguiste largos minutos, hasta que viste el resplandor de otra estrella y la proximidad que tenías con ella. Entonces recordaste tu primer intento frustrado de querer alcanzar la escalera, así que no lo intentaste. Pero, extrañamente, notaste como la estrella cada vez se hacía más grande, hasta que notaste que se trataba de una estrella fugaz que iba justo hacia ti.
Cuando ella pasó por tu lado, lograste alcanzar su cola y te aferraste con todas tus fuerzas en ella. Era grande, poderosa, reluciente y rápida. Estabas fascinado volando por el universo. Además, esa era tu estrella.
Viajaste en ella por semanas, hasta que un día chocó con otra estrella.
Cuando recuperaste el sentido en el accidente, pudiste observar que habías llegado a tu primera estrella.
Una sonrisa tuya bastó para inundar a la nueva estrella de felicidad, así que empezaste a recorrerla para ver que había de especial en ella.
Caminaste unos tres kilómetros hasta que a lo lejos pusiste observar un enorme cráter.
Corriste hacía él, pero sólo pudiste ver un gran llano. De pronto paraste un momento. ¿Realmente lo estabas viendo?, sí.
Eran dos frascos. Dos pequeños frascos.
Al tomarlos, los observaste fijamente por unos instantes. Uno contenía un líquido cristalino y el otro una especie de aire pesado.
Primero abriste el del líquido cristalino, y pudiste escuchar el llanto de una mujer. Tanta fue tu pena al escucharla, que decidiste cerrarlo. Luego, abriste el segundo, y en ese escuchaste las risas de la misma mujer; risas tan pegajosas, que luego tu reíste con ellas.
Decidiste llevarte los frascos para guardarlos en tu mochila como recuerdo de tu viaje.
Caminaste un poco más, cuando fue que viste otra estrella muy cercana a la que estabas, por lo que buscaste alguna manera de poder llegar a ella. Pensaste mucho, lo cual te costó un poco, ya que no habías comido mucho esos últimos días; pero lo conseguiste.
Comenzaste a hacer una especie de puente entre una estrella y otra con la madera que sobró para seguir construyendo la escalera.
Cuando llegaste a la nueva estrella empezaste tu rumbo en búsqueda de nuevos descubrimientos o cosas por el estilo… A ver si encontrabas algo como en la estrella anterior.
Pero nada. No encontraste nada.
Desanimado, volviste donde habías construido el puente para ver hacia donde podías dirigirte... pero no tenías donde.
Luego te diste cuenta de algo: estabas solo en el espacio, ni un otro ser habitaba por ahí, y además, no tenías como volver a la Tierra.
Luego de este planteamiento caíste rendido al suelo, cubriste tu cara con tus dos manos y comenzaste a llorar, pero sin que brotaran lágrimas de tus ojos. Era un poco extraño.
Presenciaste algo duro bajo el polvo que había en la estrella, así que comenzaste a cavar sin mucho ánimo; hasta llegar al sólido que te había llamado la atención.
Era un cofre. Un cofre de oro.
Antes de abrirlo te preguntaste que es lo que tendría: podría ser más oro, monedas, joyas, algún objeto muy caro que podrías vender a buen precio, etc.
Pero no. Miraste y lo que hallaste fue un corazón. Un corazón humano latiendo.
Lo miraste un rato, muy desilusionado al darte cuenta que no valía mucho como para venderlo. Pero no perdiste la oportunidad y lo guardaste en tu mochila.
Sin perder tiempo, seguiste tu búsqueda; pero ya no era para saber que podía haber en cada estrella, sino saber a quién pertenecía esa risa, esa tristeza y ese corazón. Extrañamente buscabas a “alguien” en el espacio, pero no sabías a quién.
Pasaste meses tratando de encontrar a “alguien”; encontrando un alma, muchas miradas, besos, unos cuantos abrazos, y centenares de otras cosas, hasta que ya no tenías en que estrella buscar. Desgastado, gritaste con furia, pero pensaste que al fin y al cabo nadie te escucharía.
De la nada, escuchaste otro grito, pero de una mujer, no venía de ni una parte y a la vez de todas… Esperaste otros segundos para ver si volvía a gritar, pero nada. Entonces volviste a gritar con todas tus fuerzas, a ver si te lo devolvía como anteriormente. Eso fue lo que sucedió; pero esta vez te diste cuenta de donde provenían los gritos: de La Luna.
Desesperado, atravesaste por todas las estrellas para poder llegar hasta La Luna; corriste, saltaste, escalaste, hasta que luego llegaste.
Tú emoción al pisar la Luna fue enorme, saltabas, reías y cantabas de esas canciones que tanto te gustan. Pero… ¿dónde estaba la chica?
Buscaste por todos los cráteres y cuevas que La Luna pudiera tener, en las sombras más espesas y en los lugares más iluminados, pero no había nada.
¡¿Qué demonios?! Gritaste. No podía ser…
Te detuviste un momento a pensar… “¿Acaso todo esto es una ilusión?”. Pensaste… La verdad eso parecía. Todo era un gran llano con cráteres y cuevas; nada más.
De la nada (quizás una mala jugada de la mente), viste una sombra correr. Pasó muy rápido; a unos cuarenta metros de ti. Se podía distinguir que era la silueta de una mujer con su pelo suelto y un vestido corto. Era una silueta delgada de piernas largas. No pudiste ver nada más.
Sólo pudiste distinguir unas risitas a lo lejos. “Debieron ser de ella”; dijiste para ti.
Sin pensarlo, corriste en el rumbo en cual la viste; tropezando torpemente con cada piedra lunar, pero ya no te importaba. Harías todo para saber quién era la chica.
Luego de correr y correr sin parar, te diste cuenta que tus pasos no iban hacia ninguna parte, corrías hacia un lugar imaginario; ya que el rastro de ella había desaparecido.
Frustrado, te detuviste a respirar y sentarte sobre una roca. Tu pulso era muy acelerado, pero sin embargo no estabas cansado; al contrario, te sentías mejor que nunca.
Unos minutos después, volviste a ver la silueta. Esta vez las risas fueron más fuertes, y la silueta corría libremente; mucho más cerca que antes.
Iniciaste tu carrera nuevamente; pero esta vez ya sabías el camino que había tomado la muchacha: había ido hacia los cráteres más grandes de La Luna, aquellos que tenían grandes rocas, del tamaño de una casa. No podías perderla de vista ahora.
Pero lo hiciste. No sabías como, pero la silueta desapareció, de modo que comenzaste a confundirte aún más. Tú enojo, emoción, alegría, sorpresa, descontento, y decenas de otros sentimientos se mezclaron; de modo que ellos sólo querían producir una acción: encontrar a la chica.
La espera fue momentánea, ya que un extraño roce de una mano suave y tibia tocó tu hombro, lo que hizo que rápidamente dieras la vuelta; pero sólo estaban tú y el espacio…
Volviste a tu posición original, con la cabeza baja entre tus manos por la desesperación y frustración que sentías; cuando fue que sentiste una respiración sobre ti.
“¿Estaré alucinando de nuevo?”. Pensaste. Subiste la cabeza lentamente para no tener otra desilusión; pero no fue así: la muchacha estaba frente a ti.
Tenía el pelo de color miel, de melena y su cara era muy blanca. Tenía los ojos de color verde, grandes y largas pestañas; su nariz era respingada y pequeña; su boca también lo era, y sus labios bien marcados. Su cuello era largo y delgado, y lucía un vestido negro con puntos blancos un poco más arriba de la rodilla. Tenía poco busto, una pequeña cintura y grandes caderas. Sus brazos eran largos y delgados, mientras que sus manos eran pequeñas. Sus piernas eran formadas y largas, que terminaban en unos zapatitos que hacían juego con su vestido; eran negros con puntos blancos.
Al ver a la muchacha, tardaste unos segundos en reaccionar. No esperabas encontrarte a alguien así en tu visita a las estrellas; donde creías haber estado solo por años, cuando en realidad estaba ella.
- Hola – dijo ella. Su voz era suave y algo delicada.
- ¡Hola! – respondiste, aunque unos segundos después.
- ¿Por qué estás aquí? – preguntó con mucha inquietud.
- Porque vengo a buscar mis sueños, es decir, vengo a hacerlos realidad.
- ¿A hacerlos realidad, aquí?, ¿y por qué no en la Tierra?
- Porque pensé que aquí encontraría mis propósitos por los cuales luchar. En cada estrella he de encontrar un sueño. He estado aquí por meses viajando de estrella en estrella. – respondiste algo nervioso.
- ¿A sí? ¿Y qué es lo que has encontrado en cada estrella? – respondió tratando de confundirte.
- Esto – abriste tu mochila y le mostraste todos los objetos tomados en las estrellas: los frascos, los besos, los abrazos, el alma, el corazón, etc.
La muchacha abrió sus ojos y te miró profundamente. Ella era ahora la que estaba confundida.
- Hace unos cinco años – comenzó a hablar, bajando la mirada. – yo también quise buscar mis sueños, quería encontrar la razón por la cual vivo. Mamá me decía desde pequeña que lo que uno más anhelaba se encontraba en las estrellas. Que quien pudiera llegar hasta allí, sería la persona más feliz del mundo. A mí me encantaba escuchar eso, siempre soñaba con algún día poder pisar las estrellas… Inicié mi viaje, al igual que tú; en busca de mi destino. Pasé unos dos años en mi viaje, subiendo escalones para poder llegar hasta aquí… Mi emoción fue muy grande al pisar mi primera estrella. Busqué por todas las estrellas hasta poder encontrar alguna señal de que es lo que sería de mí, pero no encontré nada…
- ¿Y qué hiciste? – preguntaste un poco desconcertado y triste.
- Mi primera acción fue llorar. Lloré por días y semanas, hasta que mis ojos se secaron; luego, reí y reí sin parar al darme cuenta que todo el universo me pertenecía. Pero, para no olvidarme de lo que significaba sentir, guardé todas mis emociones en frascos: mis risas y penas… Luego, comencé a guardar también acciones que sólo le daría a un ser amado: abrazos, besos y docenas de otras cosas. Además, decidí sacarme el alma para tener alguien con quien estar, no quería sentirme sola. Unos meses después, decidí sacarme el corazón y enterrarlo en un cofre de oro. Juré que la primera persona que encontraría mis sentimientos, acciones y vida, sería “mi” sueño y más profundo deseo. El que me buscó como a su sueño, sin saber que me buscaba; el que me encontró como una muchacha sin saber que yo soy su destino. El que me querrá por toda la eternidad. Y esa persona eres tú…
No podías decir nada, tu mente estaba fuera de tu cuerpo.
- Así, vagué por el espacio estos últimos tres años; esperando a que mi verdadero amor llegara a rescatarme como a un sueño – dijo ella para interrumpir el silencio.
- ¿Entonces si otro hombre hubiera llegado antes que yo, yo no sería tu amor verdadero?
- Sí – dijo ella sin pensarlo.
- Pero ¿cómo?, si tú has dicho que la primera persona que llegaría sería tu verdadero…
- Es verdad. Pero tú de todas formas hubieras sido la primera.
- ¿Y cómo lo sabes?
- Porque es el destino. Siempre te esperé y tú a mí sin darnos cuenta.
- La verdad – comenzaste a decir con una voz muy nerviosa -, al encontrar tus primeras señales de vida quise seguir para averiguar más de ti. Hubo algo en aquellas cosas que las hacía especiales. Vagué meses tratando de encontrar tus huellas y la verdad es que al escuchar ese grito que provenía de la luna, quise saltar de emoción al saber que existías… Corrí y corrí hasta llegar aquí; pero luego, sólo vi tu silueta dos veces. Ahora que te veo, no como a una silueta, sino como a una muchacha, debo decirte que hay algo en ti que te hace brillar como a una estrella, tienes ese algo especial que he estado buscando; además, debo decir que eres hermosa y me has cautivado con tu mirada. Creo que lo que dices es cierto, que he llegado a ti sin darme cuenta; que te he buscado como a un sueño, pero sé que eres más que eso, eres una persona que tiene sentimientos y corazón; y que encontrarte ha sido el mayor regalo que Dios me ha dado.
- Entonces, si has entendido todo claramente, dame tu mano y comencemos. – dijo ella.
- ¿Comenzar a qué?
- A construir lo que será nuestro mundo, dónde sólo viviremos tú y yo.
- Pero antes, ¿no debería saber el nombre de la persona con la que voy a pasar el resto de mi vida? – preguntaste con mucha seguridad.
- Mi nombre es Camila, ¿y el tuyo?
- El mío es...
(Esto lo escribí y subí hace tiempo a internet, pero por ahí me dijieron que era muy bueno, así que lo subo de nuevo para mantenerlo aquí).
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