lunes, 27 de abril de 2009

Las Estrellas.


Cada estrella que ilumina mi vida es cada cosa que realmente deseo. Tantas cosas y todas tan lejos, parece imposible poder alcanzarlas. – Pensaste.
De pronto viste todo de una manera distinta. Te diste cuenta que no tenías nada que perder, porque todas las cosas que realmente deseabas estaban en lo alto esperando poder, algún día, hacerse realidad.
Mientras pensabas una manera de poder conseguir lo que anhelabas, pero aún no sabías, formaste planos y diseñas tus sueños; así recordaste el anhelo de lo cuan gran arquitecto querías ser.
Demoraste horas, días, semanas, y algunos meses; pero al fin lo lograste: construiste una escalera gigante que podía llegar a las estrellas (hablando de “Escalera al Cielo”…) y la instalaste en el patio de tu casa para comenzar tu aventura. Llevaste una mochila con provisiones que te podrían ayudar a eliminar algunos obstáculos, como el que se rompiera un escalón.
Te despediste de esas personas que siempre estuvieron ahí para ti, apoyándote en cada momento; familia y amigos…
Comenzaste subiendo tus primeros escalones con mucho miedo; no querías que este desafío fuera en vano… Paraste un momento, en el tercer escalón, y dudaste si seguir tu camino; porque sabías que te esperaban duras decisiones y difíciles obstáculos.
Miraste a tu madre con esa cara que ponías cuando tu padre te regañaba de pequeño. Ella te dio un fuerte abrazo y de sus ojos brotó una lágrima. Le diste un beso en la mejilla y decidiste continuar.
Comenzaste a subir sin mirar atrás; estabas decidido de emprender este viaje, y ansiabas por llegar hasta tu meta; por conocer tu meta.
Los primeros escalones fueron muy fáciles de subir, pero a medida que subías más vértigo tenías. No mirabas abajo y te asegurabas de pisar bien para no tropezar.
Los escalones parecían nunca acabar, y cuando llegaste al último (que con él no alcanzabas ni a tocar un meteorito), sacaste tu martillo, clavos y un poco de madera de tu mochila y comenzaste a crear nuevos escalones, lo cual era un tanto difícil, ya que no tenías mucho equilibrio sobre la escalera.
Los meses pasaron y tú seguías en el viaje; la comida se acababa y el agua escaseaba, pero no te diste por vencido y subiste todo lo que tus pies te permitieron; hasta que se presentó el primer obstáculo: Una lluvia de meteoritos amenazaba tu acercamiento a las estrellas y, por desgracia, uno le pegó a la escalera unos quince escalones abajo; lo que hizo que la escalera comenzara a tambalear.
Lo primero que pasó por tu cabeza fue tirarte, porque no tenías otra opción. Permaneciste quieto unos minutos pensando en qué hacer y llegaste a dos opciones: tirarme y caer a tierra, a salvo; pero, no podrías subir otra vez por no haber podido reparar la escalera; o bajar esos quince escalones, tratando de superar tu miedo a las alturas.
La inseguridad te tenía agobiado, pero luego de mucho pensar decidiste repararla.
Bajaste con mucho cuidado y sacaste tu martillo, pusiste una nueva tabla y arreglaste el desperfecto. Te sentiste orgulloso de ti mismo.
Volviste a poner manos a la obra y comenzaste a subir con rapidez, ya que una sensación de ansias y desesperación por llegar te invadieron.
De pronto, comenzaste a recordar las cosas que habías dejado en la Tierra y cuanto extrañabas; como tu familia y tus amigos. Por una parte querías seguir tu viaje, pues ya sólo quedaba la mitad del camino, pero también extrañabas a tus seres queridos y deseabas estar con ellos…
Sentiste la necesidad de llorar, pero al estar en el espacio no pudiste. Tus lágrimas no pudieron salir.
Tu cabeza daba vueltas, pero tragaste saliva y subiste; no muy convencido.
Así pasaron las semanas, hasta que comenzaste a aburrirte de hablar contigo mismo y tener que dormir sentado; pero de la nada levantaste tu cabeza para ver que es lo que se aproximaba. Viste un resplandor muy cerca de ti, y te diste cuenta de que era una estrella.
Tanta fue tu emoción, que comienzas a saltar de felicidad, pero no te das cuenta de que habías soltado la escalera. Comenzaste a flotar, alejándote de la escalera.
Al darte cuenta de esto, trataste de patalear de manera que pareciera que nadaras en el aire, pero te diste cuenta de que tus intentos eran inútiles, ya que nunca aprendiste a nadar; y te lamentaste el no haber entrado a ese curso de verano.
Así seguiste largos minutos, hasta que viste el resplandor de otra estrella y la proximidad que tenías con ella. Entonces recordaste tu primer intento frustrado de querer alcanzar la escalera, así que no lo intentaste. Pero, extrañamente, notaste como la estrella cada vez se hacía más grande, hasta que notaste que se trataba de una estrella fugaz que iba justo hacia ti.
Cuando ella pasó por tu lado, lograste alcanzar su cola y te aferraste con todas tus fuerzas en ella. Era grande, poderosa, reluciente y rápida. Estabas fascinado volando por el universo. Además, esa era tu estrella.
Viajaste en ella por semanas, hasta que un día chocó con otra estrella.
Cuando recuperaste el sentido en el accidente, pudiste observar que habías llegado a tu primera estrella.
Una sonrisa tuya bastó para inundar a la nueva estrella de felicidad, así que empezaste a recorrerla para ver que había de especial en ella.
Caminaste unos tres kilómetros hasta que a lo lejos pusiste observar un enorme cráter.
Corriste hacía él, pero sólo pudiste ver un gran llano. De pronto paraste un momento. ¿Realmente lo estabas viendo?, sí.
Eran dos frascos. Dos pequeños frascos.
Al tomarlos, los observaste fijamente por unos instantes. Uno contenía un líquido cristalino y el otro una especie de aire pesado.
Primero abriste el del líquido cristalino, y pudiste escuchar el llanto de una mujer. Tanta fue tu pena al escucharla, que decidiste cerrarlo. Luego, abriste el segundo, y en ese escuchaste las risas de la misma mujer; risas tan pegajosas, que luego tu reíste con ellas.
Decidiste llevarte los frascos para guardarlos en tu mochila como recuerdo de tu viaje.
Caminaste un poco más, cuando fue que viste otra estrella muy cercana a la que estabas, por lo que buscaste alguna manera de poder llegar a ella. Pensaste mucho, lo cual te costó un poco, ya que no habías comido mucho esos últimos días; pero lo conseguiste.
Comenzaste a hacer una especie de puente entre una estrella y otra con la madera que sobró para seguir construyendo la escalera.
Cuando llegaste a la nueva estrella empezaste tu rumbo en búsqueda de nuevos descubrimientos o cosas por el estilo… A ver si encontrabas algo como en la estrella anterior.
Pero nada. No encontraste nada.
Desanimado, volviste donde habías construido el puente para ver hacia donde podías dirigirte... pero no tenías donde.
Luego te diste cuenta de algo: estabas solo en el espacio, ni un otro ser habitaba por ahí, y además, no tenías como volver a la Tierra.
Luego de este planteamiento caíste rendido al suelo, cubriste tu cara con tus dos manos y comenzaste a llorar, pero sin que brotaran lágrimas de tus ojos. Era un poco extraño.
Presenciaste algo duro bajo el polvo que había en la estrella, así que comenzaste a cavar sin mucho ánimo; hasta llegar al sólido que te había llamado la atención.
Era un cofre. Un cofre de oro.
Antes de abrirlo te preguntaste que es lo que tendría: podría ser más oro, monedas, joyas, algún objeto muy caro que podrías vender a buen precio, etc.
Pero no. Miraste y lo que hallaste fue un corazón. Un corazón humano latiendo.
Lo miraste un rato, muy desilusionado al darte cuenta que no valía mucho como para venderlo. Pero no perdiste la oportunidad y lo guardaste en tu mochila.
Sin perder tiempo, seguiste tu búsqueda; pero ya no era para saber que podía haber en cada estrella, sino saber a quién pertenecía esa risa, esa tristeza y ese corazón. Extrañamente buscabas a “alguien” en el espacio, pero no sabías a quién.
Pasaste meses tratando de encontrar a “alguien”; encontrando un alma, muchas miradas, besos, unos cuantos abrazos, y centenares de otras cosas, hasta que ya no tenías en que estrella buscar. Desgastado, gritaste con furia, pero pensaste que al fin y al cabo nadie te escucharía.
De la nada, escuchaste otro grito, pero de una mujer, no venía de ni una parte y a la vez de todas… Esperaste otros segundos para ver si volvía a gritar, pero nada. Entonces volviste a gritar con todas tus fuerzas, a ver si te lo devolvía como anteriormente. Eso fue lo que sucedió; pero esta vez te diste cuenta de donde provenían los gritos: de La Luna.
Desesperado, atravesaste por todas las estrellas para poder llegar hasta La Luna; corriste, saltaste, escalaste, hasta que luego llegaste.
Tú emoción al pisar la Luna fue enorme, saltabas, reías y cantabas de esas canciones que tanto te gustan. Pero… ¿dónde estaba la chica?
Buscaste por todos los cráteres y cuevas que La Luna pudiera tener, en las sombras más espesas y en los lugares más iluminados, pero no había nada.
¡¿Qué demonios?! Gritaste. No podía ser…
Te detuviste un momento a pensar… “¿Acaso todo esto es una ilusión?”. Pensaste… La verdad eso parecía. Todo era un gran llano con cráteres y cuevas; nada más.
De la nada (quizás una mala jugada de la mente), viste una sombra correr. Pasó muy rápido; a unos cuarenta metros de ti. Se podía distinguir que era la silueta de una mujer con su pelo suelto y un vestido corto. Era una silueta delgada de piernas largas. No pudiste ver nada más.
Sólo pudiste distinguir unas risitas a lo lejos. “Debieron ser de ella”; dijiste para ti.
Sin pensarlo, corriste en el rumbo en cual la viste; tropezando torpemente con cada piedra lunar, pero ya no te importaba. Harías todo para saber quién era la chica.
Luego de correr y correr sin parar, te diste cuenta que tus pasos no iban hacia ninguna parte, corrías hacia un lugar imaginario; ya que el rastro de ella había desaparecido.
Frustrado, te detuviste a respirar y sentarte sobre una roca. Tu pulso era muy acelerado, pero sin embargo no estabas cansado; al contrario, te sentías mejor que nunca.
Unos minutos después, volviste a ver la silueta. Esta vez las risas fueron más fuertes, y la silueta corría libremente; mucho más cerca que antes.
Iniciaste tu carrera nuevamente; pero esta vez ya sabías el camino que había tomado la muchacha: había ido hacia los cráteres más grandes de La Luna, aquellos que tenían grandes rocas, del tamaño de una casa. No podías perderla de vista ahora.
Pero lo hiciste. No sabías como, pero la silueta desapareció, de modo que comenzaste a confundirte aún más. Tú enojo, emoción, alegría, sorpresa, descontento, y decenas de otros sentimientos se mezclaron; de modo que ellos sólo querían producir una acción: encontrar a la chica.
La espera fue momentánea, ya que un extraño roce de una mano suave y tibia tocó tu hombro, lo que hizo que rápidamente dieras la vuelta; pero sólo estaban tú y el espacio…
Volviste a tu posición original, con la cabeza baja entre tus manos por la desesperación y frustración que sentías; cuando fue que sentiste una respiración sobre ti.
“¿Estaré alucinando de nuevo?”. Pensaste. Subiste la cabeza lentamente para no tener otra desilusión; pero no fue así: la muchacha estaba frente a ti.
Tenía el pelo de color miel, de melena y su cara era muy blanca. Tenía los ojos de color verde, grandes y largas pestañas; su nariz era respingada y pequeña; su boca también lo era, y sus labios bien marcados. Su cuello era largo y delgado, y lucía un vestido negro con puntos blancos un poco más arriba de la rodilla. Tenía poco busto, una pequeña cintura y grandes caderas. Sus brazos eran largos y delgados, mientras que sus manos eran pequeñas. Sus piernas eran formadas y largas, que terminaban en unos zapatitos que hacían juego con su vestido; eran negros con puntos blancos.
Al ver a la muchacha, tardaste unos segundos en reaccionar. No esperabas encontrarte a alguien así en tu visita a las estrellas; donde creías haber estado solo por años, cuando en realidad estaba ella.
- Hola – dijo ella. Su voz era suave y algo delicada.
- ¡Hola! – respondiste, aunque unos segundos después.
- ¿Por qué estás aquí? – preguntó con mucha inquietud.
- Porque vengo a buscar mis sueños, es decir, vengo a hacerlos realidad.
- ¿A hacerlos realidad, aquí?, ¿y por qué no en la Tierra?
- Porque pensé que aquí encontraría mis propósitos por los cuales luchar. En cada estrella he de encontrar un sueño. He estado aquí por meses viajando de estrella en estrella. – respondiste algo nervioso.
- ¿A sí? ¿Y qué es lo que has encontrado en cada estrella? – respondió tratando de confundirte.
- Esto – abriste tu mochila y le mostraste todos los objetos tomados en las estrellas: los frascos, los besos, los abrazos, el alma, el corazón, etc.
La muchacha abrió sus ojos y te miró profundamente. Ella era ahora la que estaba confundida.
- Hace unos cinco años – comenzó a hablar, bajando la mirada. – yo también quise buscar mis sueños, quería encontrar la razón por la cual vivo. Mamá me decía desde pequeña que lo que uno más anhelaba se encontraba en las estrellas. Que quien pudiera llegar hasta allí, sería la persona más feliz del mundo. A mí me encantaba escuchar eso, siempre soñaba con algún día poder pisar las estrellas… Inicié mi viaje, al igual que tú; en busca de mi destino. Pasé unos dos años en mi viaje, subiendo escalones para poder llegar hasta aquí… Mi emoción fue muy grande al pisar mi primera estrella. Busqué por todas las estrellas hasta poder encontrar alguna señal de que es lo que sería de mí, pero no encontré nada…
- ¿Y qué hiciste? – preguntaste un poco desconcertado y triste.
- Mi primera acción fue llorar. Lloré por días y semanas, hasta que mis ojos se secaron; luego, reí y reí sin parar al darme cuenta que todo el universo me pertenecía. Pero, para no olvidarme de lo que significaba sentir, guardé todas mis emociones en frascos: mis risas y penas… Luego, comencé a guardar también acciones que sólo le daría a un ser amado: abrazos, besos y docenas de otras cosas. Además, decidí sacarme el alma para tener alguien con quien estar, no quería sentirme sola. Unos meses después, decidí sacarme el corazón y enterrarlo en un cofre de oro. Juré que la primera persona que encontraría mis sentimientos, acciones y vida, sería “mi” sueño y más profundo deseo. El que me buscó como a su sueño, sin saber que me buscaba; el que me encontró como una muchacha sin saber que yo soy su destino. El que me querrá por toda la eternidad. Y esa persona eres tú…
No podías decir nada, tu mente estaba fuera de tu cuerpo.
- Así, vagué por el espacio estos últimos tres años; esperando a que mi verdadero amor llegara a rescatarme como a un sueño – dijo ella para interrumpir el silencio.
- ¿Entonces si otro hombre hubiera llegado antes que yo, yo no sería tu amor verdadero?
- Sí – dijo ella sin pensarlo.
- Pero ¿cómo?, si tú has dicho que la primera persona que llegaría sería tu verdadero…
- Es verdad. Pero tú de todas formas hubieras sido la primera.
- ¿Y cómo lo sabes?
- Porque es el destino. Siempre te esperé y tú a mí sin darnos cuenta.
- La verdad – comenzaste a decir con una voz muy nerviosa -, al encontrar tus primeras señales de vida quise seguir para averiguar más de ti. Hubo algo en aquellas cosas que las hacía especiales. Vagué meses tratando de encontrar tus huellas y la verdad es que al escuchar ese grito que provenía de la luna, quise saltar de emoción al saber que existías… Corrí y corrí hasta llegar aquí; pero luego, sólo vi tu silueta dos veces. Ahora que te veo, no como a una silueta, sino como a una muchacha, debo decirte que hay algo en ti que te hace brillar como a una estrella, tienes ese algo especial que he estado buscando; además, debo decir que eres hermosa y me has cautivado con tu mirada. Creo que lo que dices es cierto, que he llegado a ti sin darme cuenta; que te he buscado como a un sueño, pero sé que eres más que eso, eres una persona que tiene sentimientos y corazón; y que encontrarte ha sido el mayor regalo que Dios me ha dado.
- Entonces, si has entendido todo claramente, dame tu mano y comencemos. – dijo ella.
- ¿Comenzar a qué?
- A construir lo que será nuestro mundo, dónde sólo viviremos tú y yo.
- Pero antes, ¿no debería saber el nombre de la persona con la que voy a pasar el resto de mi vida? – preguntaste con mucha seguridad.
- Mi nombre es Camila, ¿y el tuyo?
- El mío es...

(Esto lo escribí y subí hace tiempo a internet, pero por ahí me dijieron que era muy bueno, así que lo subo de nuevo para mantenerlo aquí).