domingo, 19 de diciembre de 2010

19


Hoy es domingo.
Nuestro domingo.
Muéstrame lo que traes en tu bolsa de sorpresas e Impresióname, que prometo darte todo el tiempo del mundo para poder sorprenderme.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Flores de Chocolate

Pedaleando rápidamente bajo las hojas de otoño que caían suavemente a su paso, iba en su bicicleta por la Alameda, Eva, rumbo a la floristería.
Nunca llegaba tarde a su trabajo, ya que su jefe era muy exigente en cuanto a puntualidad se trata. Peo por desgracia, ese día había sufrido una serie de eventos inoportunos, que esperaba que él comprendiera.
- Llegas tarde - le dijo él, como si ese fuera su saludo más cordial.
- Disculpe Señor, pero la rueda de la bicicleta se pinchó y no tenía cómo...
- Por eso yo siempre tomo el bus. Es mucho más rápido y requiere mucho menos esfuerzo físico.
Eva odiaba tomar el bus. Lo consideraba un medio tan contaminador, que siempre que se veía obligada a tomarlo, suspiraba largamente en el paradero.
Se había quedado inmóvil pensando, pero enseguida el jefe la sacó de sus pensamientos.
- Comienza a trabajar.
Escuchó eso, y luego lo vio alejarse a la oficina.
Era un tipo cincuentón, medio calvo y siempre andaba con el ceño fruncido. Su cara reflejaba un carácter fuerte y desagradable, y su gordo y pequeño cuerpo hacía alusión a su apodo: "El Pitufo Gruñón". Nadie lo apreciaba, ni quería comprar flores cuando él estuviese cerca. Mucho menos se detenían para saludar a Eva, que la tomaban por soñadora y loca al ofrecer una sonrisa o saludo a todo aquel que se cruzaba en su camino.
- Buen día señor; buen día señora. ¿No es una linda mañana?... ¿Por qué estás triste pequeña?, ¿no sabes que cada día es tan maravilloso cómo para desperdiciarlo en penas?... Tome una flor, señorita. Así, su cara se verá mucho más radiante... ¡Vaya!, si no la quiere, no debería tirarla de esa forma...- se la pasaba diciendo alegremente, sin que ningún desprecio nublara su día.
Y así estuvo por un par de horas, hasta que logró acaparar la atención de un joven de no más de unos veinte años. Tenía cabello castaño y una gran sonrisa en el rostro.
Él ya la conocía. La había visto muchas veces regando las grises calles de la ciudad con sus dulces y ligeras palabras. Y había visto también toda la indiferencia de la gente que pasaba apresuradamente a su lado, como si sólo les hablara el viento.
- Buen día, joven. ¿Desea una flor como ésta? - dijo Eva.
- ¿Es tu amigo este hombre? - irrumpió el jefe.
No supo que contestar. Le tomó por sorpresa la pregunta. ¿Era o no su amigo? Toda la gente era su amiga: los viejos, los jóvenes, los chicos y los animales. No sabía...
- Sí, es mi amiga; ella es hasta del ser más pequeño, y a todos puede colmar de felicidad si le prestan sólo un poco de atención. - dijo el muchacho.
- Allá ustedes y sus tonterías - dijo el otro, mientras se devolvía por donde había salido.
- ¿Vamos a dar un paseo?... - dijo él.
Comenzaron a caminar en silencio. Ella viendo las nubes que se aproximaban y él, mirándola de reojo como tratando de adivinar qué pensaba.
Se detuvieron en seco frente a una heladería. Él entró sin decirle nada y, en un instante, salió con dos barquillos con helado de chocolate chorreándole las manos.
- El helado de chocolate siempre me ayuda a mantener una buena conversación - dijo mientras le acercaba el barquillo.
Ella sólo le sonrió.
Entonces se dispusieron a charlar sobre los temas más banales que alguien pudiése mencionar, pero en ellos podía verse la chispa de amigos que se comprenden sólo con la mirada.
Rieron por horas sin parar, y la gente se volteaba para lanzar su miraba de disgusto, porque quizá, estaban celosos de nunca poder disfrutar tanto un momento como ellos.
Luego, cada uno relató al otro su historia de vida. Él, en modo de historieta, lograba que ella soltara largas carcajadas, que acababan con algunas lágrimas que resbalaban por sus pálidas mejillas, mientras que ella contaba su vida como si fuera un documental, actuando seriamente, pero luego no aguantaba más y los dos comenzaban a llorar por toda la risa que contenían.
Y caminaron por tan largo rato, que cuando ella sugirió sentarse, ya estaba anocheciendo. Pero ninguno se percató, o mejor dicho, a ninguno le interesó regresar.
- Tome, esta es la flor que le ofrecí en la mañana. Acéptela como un recuerdo de este día, y por la amistad que estamos sembrando... ¡Qué bonito se siente tener un amigo! Por fin alguien me va a devolver el saludo en la calle... ¿Sabe? yo todos los días le puedo regalar una flor diferente. Así como la amistad, que todo el tiempo va cambiando...
Y siguieron conversando y riendo, hasta que sin darse cuenta, el sueño los atrapó en aquella plaza, obligándolos a dormir sin saber nada hasta el otro día.
Eva despertó por los ladridos de un perro. Pero él no estaba, ni tampoco se observaba cerca.
Se levantó confundida; sin saber si todo había sido un sueño o realmente había ocurrido.
En el suelo se encontraba un papel amarillento, en el que se habían depositado unas pocas palabras un tanto difíciles de leer.
Luego de analizarlas un rato, Eva por fin pudo leer:

"Todos volvemos al trabajo y a la vieja rutina (aún sabiendo que nuestra vida se esfuma. Ya no puedes enseñarme nada; no puedo aprender ya nada de ti"

Comenzó a correr muy rápido. Tenía un nudo en la garganta, pero las lágrimas no fluían.
Apretaba con fuerza el papel, mientras trataba de volar en la carrera.
Su cara, más pálida que nunca, sólo reflejaba la inseguridad que sentía, y su cuerpo se mantenía en movimiento de forma innata, como si su vida dependiera de ello.
Por fin llegó a la floristería, y todo se encontraba exactamente como lo había dejado, pero todas las bellas flores yacían marchitas; todos los pétalos en el suelo, sin sus vistosos colores, mimetizándose con los tristes colores del Santiago de ese entonces.
Quizá ese día no iría a trabajar, ni tampoco saludaría a nadie, no habría un "Buenos días señor, buenos días señora", ni ofrecería flores como quien ofrece indiferencia a los demás. Es más, tal vez ese día tampoco sonreiría a nadie. Y todos extrañarían a quien despreciar.
Tomo su bicicleta y fue directo a la heladería. Allí pidió un barquillo con helado de chocolate, que se chorreaba por sus manos heladas y huesudas. Se sentó en la plaza del frente y probó el primer bocado, mientras veía como las hojas de los árboles ya no caían. Entonces comenzó a llorar.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Busco palabras pero no las encuentro.
Escribo y borro, escribo y borro
y es que todo te lo has llevado.

sábado, 30 de octubre de 2010

Siempre fui un movedizo y un errante
y sólo amé la libertad con todos sus riesgos.

martes, 26 de octubre de 2010

Vienes

Suspenso cautivo que hay cuando miro a tus ojos,
rozo tus mejillas y hundo mis dedos en tu cabello.
Me detengo (Pienso)
Prosigo.

Silencio invasivo al momento de un beso furtivo,
seco y pasivo, el silencio nos absorve.
Viajo en el tiempo, en el aire,
me lleva el viento (Deténme al instante)
Me detengo (Actúo)
Prosigo.

Sorpresivo encuentro en medio de la noche (y del día),
recogiendo los vidrios rotos que aún reflejan...
recogiéndote.
Me detengo (Te quiero)
¿Quieres que prosiga?

lunes, 25 de octubre de 2010

Sólo hace falta mirar cuando la micro se va

Iba caminando a mi casa desde el paradero donde me deja la micro que tomé desde el colegio, escuchando música media fome, media que no te aburre y media nada. Pero estaba craneándome el trayecto que había hecho desde allá hasta aquí, y... ¿la respuesta?: resulta que no me di cuenta (y creo que nadie) de todos los pasos que había dado, los segundos que estuve parada, la cantidad de veces que respiré, las palabras que compartí y así, otros centenares de mierdas corrientes que se hacen en el día a día.
Estuve en la micro pensando en mi día, en lo asqueroso que había sido. Y me miraba en el reflejo de la ventana, veía mi cara de... volteaba la mirada. ¿Quién se mira en el reflejo de las ventanas en un día de mierda? Un día en que la angustia e impaciencia te mata, que sólo comes chocolates para la "ansiedad", que estás histérica comiéndote las uñas, te ves las puntas del pelo y están REpartidas (aunque te las cortaste hace una semana en la peluquería), que pasas tus manos por tu cara y sientes todos esos granos e imperfecciones que sueñas con lijar algún día, pero que por supuesto no harás, porque sigues esperando respuestas con las cremitas antiacné (que aún no dan el resultado que buscas), que te miras como ha crecido tu barriga detrás de ese jumper, y todo por culpa de los malditos chocolatitos que controlan la puta ansiedad del día. ¿Es necesario continuar?
La gente sólo me anima con algo: mirarme cuando me voy en la micro a mi casa...
(Sí, y quizás mañana me regalen ese chocolatito que sube el ánimo, pero que ni te imaginas cuántas calorías debe tener).

domingo, 22 de agosto de 2010

¡Azotádme!,
creo que no he cumplido con ningún evangelio.

sábado, 21 de agosto de 2010

Escrúpulo

Me parece que vivo
Que estoy entre los ruidos
Que miro las paredes,
Que estas manos son mías,
Pero quizás me engañe
Y paredes y manos
Sólo sean recuerdos
De una vida pasada.
He dicho "me parece"
Yo no aseguro nada.

Oliverio Girondo

viernes, 28 de mayo de 2010

El mismo que otros días hacía sonrojar mis mejillas,
y cantaba de manera eufórica bajo las sombras de los árboles;
el que sembró la dicha y el goce
y con angelical sonrisa, lograba penetrar en los corazones,
se fue lejos, dejó de crear
dejó de imaginar el universo y acabó hundido en la tierra;
y, como si su voz se apagara, dejó de alegrar almas con sonrisas,
dejó de emitir sentimiento u opinión alguna,
quedándose en un completo vacío perpetuo.
Él dejó de existir, dejó de iluminar(nos).

martes, 5 de enero de 2010

Memorias perdidas caminando no por aquí.

- (...) Veo que eres bastante joven. No deberías estar lejos de tu hogar -dijo rápidamente sin responderme-.
- ¿Por qué evades todas mis preguntas? ¿Tratas de hacerte la misteriosa?
- No trato, puedo serlo. Como también puedo ser clara cuando quiera.
- Sé clara.
- ¿Por qué habría de serlo? -dijo con una risita entre labios-.
- Porque me trajiste aquí, porque quiero saberlo y... sólo responde. ¡Vamos!, sólo quiero saber quien eres.
- Suenas convincente -dijo mientras se acomodaba y me miraba fijamente a los ojos-. Está bien, tengo 23 años.
- ¡Oh, qué joven!... Me alegra que lo hayas dicho.
- ¿Por qué?
- No lo sé. Me gustan las personas claras. (...)

domingo, 3 de enero de 2010

Algunas memorias escritas.

"Hace tiempo que no escribía aquí. (Sí, con esto comenzaré)
¿Sabes? (¿A quién escribo?); ¿SÉ?: hoy le vi. No le veía hace mucho tiempo...
... me pregunto si aún se acuerda de mí."

viernes, 1 de enero de 2010

Cuando (me) miras.

Mirá, mirá como tomo tus manos y te llevo a dar una vuelta por ahí.
Mirá, mirá como paso mis dedos por tu pelo tratando de guardar tu olor.
Mirá, mirá como transformas mis días grises en bonitos días asoleados.
Mirá, mirá como corro con la mirada a recibirte todos los días.
Mirá, mirá como te extraño todo el tiempo en que no estás junto a mí.
Mirá, mirá como te hablo y trato de acercarme a ti.
Mirá, mirá como me acerco a tus labios en busca de un primer encuentro.
Mirá, mirá como eres quien únicamente puede hacerme cambiar de opinión.
Mirá, mirá como no tengo noción del tiempo a tu lado.
Mirá, mirá como no me importa lo que piensen los demás.
Mirá, mirá como tengo que esperar todos los días para ver tu hermoso rostro nuevamente.
Mirá, mirá como tiemblo cuando me abrazas.
Mirá, mirá como me apoyo en tu pecho (y quiero quedarme así para siempre)
Mirá, mirá como nos escondemos, pero poco a poco todo va saliendo a luz.
Mirá, mirá como escucho canciones lentas y pienso en ti.
Mirá, mirá como voy anotando las letritas de las canciones, y
Mirá, mirá como después te las voy a andar cantando por la calle.
Mirá, mirá como soy de cursi y nerd, y escribo muchas boberías.
Mirá, mirá como tengo sueño pero sigo escribiendo.
Mirá, mirá como te desconectas y sin embargo, quiero seguir hablando contigo.
Mirá, mirá como te quiero ir a dejar flores a tu ventana.
Mirá, mirá como quiero irme caminando a tu casa.
Mirá, mirá como pienso que fui más feliz que nunca esos seis días.
Mirá, mirá como me encantas.
Mirá, mirá como me entrego a ti, poco a poquito.
Mirá, mirá lo que estás haciendo de mi...

(Y por favor, no dejes de mirar nunca.)