domingo, 18 de octubre de 2009

XX

Después de mucho andar a través de arenas, rocas y nieves, el principito encontró finalmente un camino. Y todos los caminos conducen hacia donde viven los hombres.
- Buenos días - saludó.
Era un jardín lleno de rosales en flor.
- Buenos días - contestaron las rosas.
El principito se quedó mirándolas: todas se parecían a su flor.
- ¿Cómo se llaman ustedes? - les preguntó desconcertado.
- Somos rosas - dijeron ellas.
- Ah... - murmuró el principito.
Y se sintió muy triste. Su flor le había dicho que ella era la única de su especie en todo el universo, ¡Y aquí había cinco mil, todas iguales, en un solo jardín!
"Ella se sentiría muy avergonzada si viera esto - se dijo -. Se pondría a toser con insistencia y fingiría morir para no hacer el ridículo. Y yo tendría que aparentar cuidarla, porque si no, se dejaría morir realmente para humillarme de algún modo."
Y continuó pensando: "Yo me sentía feliz al tener una flor única y resulta que es sólo una rosa vulgar. Con ella y mis tres volcanes que me llegan a las rodillas, y de los cuales uno tal vez está extinguido para siempre, no soy en verdad un gran príncipe."
Y echado en el pasto, lloró y lloró mucho rato.

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