Ese día parecía no tener final. Hubo espectáculos de celos de parte de los invitados, mi padre seguía enojado, mi abuela ebria, la comida fría y mi hermana llorando durante toda la ceremonia. Fue el único día de primavera en que llovió.
Y mientras todos miraban mis ojitos empañados, yo pensaba: "Papi, esto es un mal presagio... yo no quiero bailar"
No hay comentarios:
Publicar un comentario